Cualquier persona como yo, a la que le cuesta tanto resistirse a una tentadora oferta de buen sexo, invariablemente tendrá pocos amigos.
El primer motivo es obviamente, la moral y las buenas costumbres. La mayoría de la gente, si te tilda de putita, es poco probable que se dé la posibilidad de conocerte en otros aspectos de tu personalidad; es más facil señalarte con el dedo y tratar de que no los vean conversando con vos, para que no los confundan con los de tu misma calaña.
El segundo motivo, es que tarde o temprano terminaré acostándome con alguien cercano, y eso provocará una disputa.
La primera amiga que perdí fue la que más de dolió, pero la verdad es que estuve muy perra, y no la culpo, tenía toda la razón.
Fuimos amigas desde la secundaria, y seguimos cultivando nuestra amistad ya en épocas de facultad, aunque estudiábamos distintas carreras.
El problema es que su papá, estaba más bueno que el helado de dulce de leche granizado. El viejo trabajaba el cuerpo, estaba siempre bronceado, y las canas le combinaban a la perfección con unos ojos azules imponentes.
De chica jamás se me insinuó ni mucho menos, pero de grande cada vez que iba a la casa me devoraba con la mirada. Sobre todo cuando perdí mi inocencia y comencé a devolverle sus miradas lascivas.
Y un día me arriesgué, yo sabía por Sofi que ella y el novio iban al cine esa noche, que la madre estaba de viaje y que el padre no había podido acompañarla por trabajo. Así que haciéndome la tonta, pasé a saludar a mi amiga fingiendo no saber que no estaba.
Bingo! su papá estaba en casa, solo... Me invitó a pasar, a charlar un rato, ya que me había tomado la molestia de ir hasta allá. Fuimos a su estudio, me ofreció algo de tomar y yo para redoblar la apuesta le pedí un whisky con hielo.
Tomamos nuestro vaso de whisky charlando de la vida, y ni bien amagué a irme, me partió la boca de un beso, tomándome con mucha fuerza de la cintura.
Ni me resistí, para que? si al fin y al cabo era lo que había ido a buscar.
Practicamente nos arrancamos la ropa uno al otro, se sentó en su sillón de cuero de tres cuerpos y me montó sobre él.
Le gustaba verme en mi vaivén sobre el él, cada tanto se incorporaba un poco para chuparme y mordisquearme los pezones, pero en seguida volvía a su posición de espectador. Le gustaban mis gemidos, me los pedía más fuerte. Me agarraba de las caderas clavándome fuertemente los dedos en las nalgas y acompañaba mis movimientos.
Estábamos tan a full, que no escuchamos la puerta. Sofi y el novio habían vuelto antes, y al escuchar el alboroto, ella no tuvo mejor idea que venir a ver que pasaba.
Estábamos demasiado a full, tanto que cuando ella empezó a gritar desde la puerta del estudio, si bien fui conciente de la situación, no podía parar de sacudirme sobre el viejo. La escuchaba gritar, insultándonos, pero yo sentía que ya estaba ahí, acabando, alcanzando un orgasmo prodigioso y no podía parar, al contrario, me sacudía más violentamente, lo que provocó que el viejo se viniera conmigo, y acabáramos al unísono, gimiendo los dos como bestias, mientras Sofi lloraba y gritaba desconsolada en la puerta.
El novio la arrancó de la escena, mientras yo me desplomaba exhausta y sudada sobre el viejo.
Apenas pude recuperar el aire, me paré, me vestí y el papá de Sofi me pidió que me fuera urgente, que él iba a tratar de arreglar las cosas.
Nunca supe como quedaron las cosas entre ellos. Yo traté en vano de disculparme pero ella nunca quiso dirigirme la palabra.
La historia jamás se hizo pública, pero supongo que no fue por proteger mi reputación, sino la de ellos, porque incluso sus padres jamás se separaron, por lo menos hasta que yo seguía sabiendo de ella.
Y supongo que soy responsable de unos cuantos años de terapia de la pobre Sofi.
Pequeño manual de como perder amigos
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1 comentario:
Epa. Muy interesante. Me gustó.
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